Xavier Ferràs. Degà de la Facultat d’Empresa i Comunicació
En una conferencia en 2010, Mohamed El-Erian (director del fondo de inversión PIMCO) acuñó el término “nueva normalidad”, refiriéndose a las turbulencias económicas que se habían convertido en habituales tras la recesión de 2008. Larry Summers (ex Secretario del Tesoro americano) rebautizó en 2014 el paupérrimo paradigma económico emergente como “estagnación secular”. Cristine Lagarde, desde el FMI, hablaba en 2015 de “nueva mediocridad”. Y Nouriel Roubini completa el cuadro recientemente, declarando que entramos en una época de “nueva anormalidad”
Nadie tiene ni idea de hacia dónde vamos. Organismos internacionales, consultoras y sesudos académicos se debaten en la incertidumbre. Los modelos matemáticos de predicción fracasan sistemáticamente. Muchas cosas están ocurriendo, como si el tiempo se hubiera hipercomprimido y todo sucediera a la velocidad de la luz. Acontecimientos inesperados, y reacciones del sistema económico generan convulsiones continuas en el mismo. Si la economía fuera un sistema electrónico, diríamos que ha entrado en fase de oscilación permanente. El viejo paradigma económico, social y político ya no da respuesta a un mundo en efervescencia tecnológica. La crisis que aparece en la superficie no es más que la proyección de una revolución tecnológica sin igual que se está dando en las profundidades del sistema, y que requiere modelos de gestión radicalmente nuevos. Si no los diseñamos, el choque entre el antiguo modelo y el nuevo generará conflictos imprevisibles.
Paradójicamente, asistimos a una edad de oro de la innovación a nivel global. Por primera vez en la historia, no sufrimos a una crisis de recursos fundamentales. Avanzamos hacia escenarios de información, educación, energía, sanidad y producción abundantes. Pero no somos capaces de gestionarlos. La austeridad es una receta necesaria, pero insuficiente y mal entendida. No se puede ser austero en educación o en I+D. Los incrementos de productividad no vienen acompañados esta vez de nuevo empleo. La economía crea riqueza, pero no crea trabajo, y eso debilita la demanda. Aunque Suiza la ha rechazado, el debate sobre la Renta Básica Universal ha llegado para quedarse (el American Enterprise Institute, think tank conservador poco dado a utopías, ha propuesto ya una renta universal garantizada de 13.000 dólares a todo americano). Nuevas fórmulas de política económica, como las de Mariana Mazzucato (“mission oriented innovation”, proyectos transformadores enfocados a resolver grandes retos humanos) serán necesarias, como reediciones del New Deal. Y nuevo talento político, con visión a largo plazo, independiente del ciclo electoral será imprescindible para superar la situación.
Article publicat avui 22 de juny al diari Expansión.
